miércoles, 28 de diciembre de 2016

Despierta, despierta.

Rutina
es despertarse
sin voz y sin milagro
del lado del precipicio.

Regulamos el beso
para que no se entienda
que no quererse 
es algo pasajero.

Se nos hace la boca 
un puñado de tierra
mientras los pelos 
vagabundean en nuestros sexos
esperando
no sé
un amanecer cualquiera
una nota sincera de agonía
para matarnos la defensa
acabarnos el silencio
este amorfo silencio de estratos digitales.

Y parece que haya
espacio para otro amor 
espacio para otra carne
espacio para morir de cerca
tan lentos como nuestros muebles
pero sin querer irse 
sin poder escapar de tan domesticados
aunque exista la pura realidad 
donde el asco se asfixia en el asco
de esta diferencia tan promiscua 
donde parece que nada
haya de crecer.

Mientras, allí, en la casa vieja
abunda el insecto 
y se carcome su propia alma.

Es un tema delicado
decir el nombre de alguno
desde esta parte de las habitaciones
sin embargo
allí, donde parecía que la simiente 
era vaga y cargada de espanto
ahora puede vislumbrarse 
que la felicidad ha sido aquello
que has dejado detrás 
de todas tus ausencias.

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Ferran Garrigues Insa

Ausencia de milagros

Cuando dejas de reír 
se te hinchan los carrillos de mentira
los ojos anegan lágrimas mortaja
se para el corazón pasmado
latiendo por cualquier cosa
menos importante.

Cuando dejas de reír
los párpados pesan y se acercan a la nieve
témpanos de hielo absoluto
parecen permanecerte 
y no existes más que en silueta
espacial resumen 
de esta tristeza hecha colapso.

Cuando dejas de reír
sí, no existe ya la risa
sino como el eco inmanente
que no llega a repetirse
es solo esta pausa 
amianto donde envuelves el fuego
cayendo hacia la solución.

Cuando dejas de reír
una mella en el tejido perfecto de las nubes
sucede
los acantilados tejen caídas
las habitaciones son sepulcro de caricias
los cuerpos se anidan de insectos
el verso se convierte en terapia
la voz desaparece innecesaria
y nos buscamos la propia sombra
con la esperanza rota de esta niñez
que no sabe de ningún lugar 
en ninguna parte
donde restaurarse.

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Ferran Garrigues Insa

sábado, 24 de diciembre de 2016

Escape oceánico.

Sumo la territorialidad de esta huída
y entrelazo el signo de todos los desastres
mientras vienes a entonar conmigo
el suburbio, la decadencia y el amianto.

Nos observamos críticos hasta la extenuación
y no dejamos pasar ni una suerte de caricia
ni un milímetro de piel
mientras no obtengamos lo preciso.

Se nos acaba la paciencia
esa virtud que parecía interminable
y las ganas y los gestos
se reducen a breves 
momentáneas
pequeñas
aparentes
misantropías ocultas
bajo esta piel espino.

Sumo la voluntad de esta ecuación
y por mucho que añada a los contornos
existe y es irreparable
ese centro agrietado donde pretendemos edificar.

¡Qué polvoriento el erial de nuestro encuentro!

En este escape
que abalanza la pérdida errática
del trashumante que transporto
oculto y tranquilo
en el fondo de mi bolsa.

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Ferran Garrigues Insa

Invisibles cotidianos

Desaparecer mañana, en espiral de humo
mientras esperas esa acción
que forma parte de un sueño
sucedáneo estercolero
de todo pensamiento errático
y te has pensado centro
verdad, virtud, cadáver
territorio salvaje o la suerte
mientras en esta promiscuidad
se regodea un perverso personaje
asentado en su entraña
extendiendo hasta lugares irreconciliables
un rastro oscuro en la verdad
atenazando nuestra voz para promover desastres.

Desaparecer mañana
dejarse caer en el centro de la vida
hasta volverse fluido 
hasta aparentar el ocaso
para que no se noten las despedidas
mantener una paulatina cotidianidad 
con los mismos abrazos
los mismos exactos besos 
el mismo apretón de manos
ese susurro momentáneo en algún lugar del día
la pasión reconvertida desde el tumulto
en una especie de cadencia 
que ha perdido su referente.

Y sumamos complicidad en esto
la mirada dirigida a los dedos de una pantalla
una retención de la grandeza de vivirse
experiencia momentánea 
en mensajes y mensajes
que no saben a nada
que no dicen nada
que se quedan en nada
que parecen todo
hasta que descubrimos este abanico inmenso
del proyecto absurdo en el que nos embarcamos
siendo tan opuestos o tan comunes
como era de esperar de nosotros 
invisibles cotidianos aparentando felicidad.

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Ferran Garrigues Insa

martes, 20 de diciembre de 2016

Pérdida.

Extravío, porque es aparente el extravío
cuando se camina y en ninguna parte se obtiene la calma
mientras las vidas del mundo se congregan
y nada te toca, nada te transforma
eres solo esta mirada
que pasea las calles de ningún mundo
donde las esperanzas 
esparcidas en estómagos y sexos
hechos de parafernalia
se convierten en vacío.

Y sueñas encontrar el lugar preciso
para apuntalar el gesto primitivo
saltar hacia adelante
cortar el viento 
intentando acabar.

Dejarse la piel
siempre dejarse la piel
abarrotarse de sueños y simulacros
pero hay que vencerse
acabarse
morirse de a poco
pretendiendo una promesa
acariciando la espesa niebla 
de lo futuro.

Extravío, es lo que nos queda
en esta hora concreta
en este lugar jeroglífico 
en el punto de partida
donde se ha perdido todo
y hasta la esperanza parece
haberse convertido de repente
en un espejismo
donde nosotros somos la negación
y la verdad se contrae
hasta desaparecer.

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Ferran Garrigues Insa


domingo, 11 de diciembre de 2016

Un cazador fatal.

No sé buscarte
ni en las espaldas frías
de amantes colapsados
en los recovecos tiernos
de amantes satisfechas.

No sé buscarte
ni decidir si existes
bajo la piel 
entre los labios
en las miradas
mientras este poema toma forma 
y parece que la insensatez 
hiera el hondo poeta
para hacerle decir 
las mismas 
siempre las mismas cosas.

No sé buscarte
esta es la verdad 
pura, dura, simétrica
devuelta en los espejos
no sé buscarte
y me acomodo en cualquiera
y cualquiera encuentra un lugar 
donde apoyarse
un espacio químico
una voz pausada
una piel tersa
un simulacro de hombre
un movimiento pasajero
una presencia atada a esta presencia.

No sé, buscarte
se ha convertido en esta farsa
en una falsedad, forzada quimera
esperpento de ideas, anhelos,
esa esperanza ciega, medida a golpes
esos tiempos muertos
sin voz y sin palabra
sin relleno y sin silencio
donde parece que las grietas de este mundo
sean más grietas
más grito
menos danza 
coraje de baile
arrojado a la muchedumbre.

No sé buscarte 
y en estas me pierdo
intentando decir lo que ya se dijo
las formas todas
tomadas de cualquier diccionario
arrancadas de los tomos de otros poetas
de otros que escribieron 
justo esto que intentamos decir
esta estratagema para tejer la red
esperar a que esta inmaterialidad exultante 
se quede atrapada en nuestra tela
y devorarla muy despacito
porque es justo lo que andábamos buscando.

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Ferran Garrigues Insa

domingo, 4 de diciembre de 2016

La lluvia de todas las lluvias.

Esta lluvia es todas las lluvias
como esta noche es todas las noches
en el insomnio desesperado de quererte
este cuerpo es el mismo cuerpo
y ha sido idolatrado y maldito a partes iguales
mientras el mundo ha sido mundo
el mismo de cada ciclo
donde cada lluvia y cada noche y cada cuerpo.

Este tiempo es el mismo tiempo
aunque los ritmos parezcan diferentes
todo permanece en el envoltorio
condenado al ritual de la colmena
mientras pensamos que somos distintos
y se nos pasa todo y todo nos avanza
y en algún lugar quedamos 
pequeñitos, más que de costumbre
mirándonos la costra que exhibe el abandono
sin manos, sin nadie que nos acaricie
volviéndonos más poco 
menos intensos
con las ganas justas
tan repetidos como extraños
en el lugar de otros
que éramos los de antes
mientras somos los de siempre
aunque nos amemos idiotas de punta a rabo
de diente a ceja
de horma a ombligo
de corazón a vesícula
y se nos doren los oídos
sin demasiada variedad
con pocos verbos
y se nos desordene la vida
y parezca que se acaba 
mientras la lluvia nos despierta
la noche nos calma
los dedos nos escriben
una rubrica consciente
de la verdad contada
desde la curva del reflejo
hasta el cautiverio hondo
de todo lo intocable.

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Ferran Garrigues Insa

jueves, 1 de diciembre de 2016

El paseo.

Le hablé de ella
un día cuando los amigos pasean
sin nada más que decirse
salvo verlas caer
pasar viviendo lo que parece importante
henchidos de rabia 
en esas carcasas andantes
por esta vida sustitutiva de otra posible.

Le hablé de ella
con el coraje preciso
intentando que comprendiera
aunque podría jurar
que ambos sabíamos 
lo que iba a contarle.

Para eso están los amigos
para soportarnos estas maravillas de la cotidianidad 
este paso tan biológico sistemático 
tan medido, tan experimentado
que todos parece que tenemos que aceptar
mientras nos acucia 
una frustración 
que no sabemos trasladar
una conciencia de abismo 
un espasmo de negación
por volver a los lugares periféricos
donde éramos protagonistas de nosotros mismos
donde tampoco éramos nadie
pero cabía allí en nuestro secreto
la gran estrategia universal
de estar conectados con el paraíso.

Le hablé de ella
sonrió, creo
no sé en que momento
su esposa, sus hijos
esas cosas que uno tiene que atender
nos alejaron paso a paso
hasta quedarnos sin voz
nos reconocimos 
en algún lugar de ese tránsito
en el automatismo del amor
en la decisión humana por escapar la soledad
por dejarse el tiempo en manos de alguien
el cuerpo en otro cuerpo
sin nunca ser tampoco 
ni desaparecer del todo
mientras sabíamos 
aquello que no volvería a suceder
ni si volveríamos a encontrarnos.

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Ferran Garrigues Insa

Otra cosa, el amor.

Que el amor era otra cosa
ya lo sabíamos todos
estaba en los lugares inesperados
en los amigos que mantienen nuestro pulso en silencio
en las voces pasadas
que nos ansían, nos beben, nos bailan
en los ojos presentes 
en la consecución de pequeños logros
en los abrazos, ah, los abrazos
bóvedas perennes de nuestra sinrazón
los entreactos de cada paso, de cada minucioso paso
los saltos, los gloriosos saltos
sin protección, ante el desafío
de una mirada altiva. 

El amor era otra cosa
era un algo de contrastes
a veces menos 
pero siempre de contrastes
de voces amargadas
o palabras inquietantes
de pubis insatisfechos
o pechos bien tocados
una condena perpetua
o un cielo momentáneo 
lleno de besos mejores
de caricias mejores
de memorias mejores
o a veces no tanto.

El amor era otra cosa
te lo dije
y lo guardamos 
escondido y sin voz
no compartíamos nada
a veces huías y unas pocas frases 
para siempre flotando en estanterías eléctricas
o un ojo cerrado en la profundidad del sueño
parecían suficientes.

No sabría decirte.
el amor era otra cosa
aunque paremos aquí
para demostrarnos lo contrario
o al menos intentarlo
mientras el tiempo nos esquilma
se nos abren las grietas hasta pararnos
y ser hielo parece una gran alternativa
a ser consumidos en la llama
que dicen que también, es el amor
no sé, la verdad
es todo tan extraño
se tejen tantas cosas
en el repudio de la comunicación
en la catarsis de saberse amados.

El amor, era otra cosa
un viento que desfigura los contornos
la voz conocida en las siestas de verano
el canto pasivo y trémulo de quien siempre pierde
pero lo intenta, no para de intentarlo
la comida servida a destiempo 
durante el hambre 
y durante la sed 
el agua ofrecida como un gran regalo
dejar cada segundo pasar 
si no se siente el golpe
si no se expresa el estallido
en el fondo de nuestra ingenuidad
si no somos nosotros 
nosotros mismos
los que nos salvamos
también era el amor.

El amor era otra cosa
y es cierto
que no supimos muy bien
que hacer con ella
y nos quedamos así, haciendo más bien poco
en el desahucio
de nuestra significante indefensión.

El amor era otra cosa, sí
nos decíamos
para contentar la gran fachada
de nuestra terrible realidad.

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Ferran Garrigues Insa