miércoles, 28 de diciembre de 2016

Despierta, despierta.

Rutina
es despertarse
sin voz y sin milagro
del lado del precipicio.

Regulamos el beso
para que no se entienda
que no quererse 
es algo pasajero.

Se nos hace la boca 
un puñado de tierra
mientras los pelos 
vagabundean en nuestros sexos
esperando
no sé
un amanecer cualquiera
una nota sincera de agonía
para matarnos la defensa
acabarnos el silencio
este amorfo silencio de estratos digitales.

Y parece que haya
espacio para otro amor 
espacio para otra carne
espacio para morir de cerca
tan lentos como nuestros muebles
pero sin querer irse 
sin poder escapar de tan domesticados
aunque exista la pura realidad 
donde el asco se asfixia en el asco
de esta diferencia tan promiscua 
donde parece que nada
haya de crecer.

Mientras, allí, en la casa vieja
abunda el insecto 
y se carcome su propia alma.

Es un tema delicado
decir el nombre de alguno
desde esta parte de las habitaciones
sin embargo
allí, donde parecía que la simiente 
era vaga y cargada de espanto
ahora puede vislumbrarse 
que la felicidad ha sido aquello
que has dejado detrás 
de todas tus ausencias.

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Ferran Garrigues Insa

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