viernes, 6 de enero de 2017

La casa mínima.

Tu casa era pequeña
y tú eras pequeña también
tan pequeña
las manos congeladas
preparando un café
el pelo corto
los ojos inteligentes y grandes
grandes, grandes, grandes
ocupaban todo aquel espacio
donde preguntaste 
qué nos había llevado hasta allí.

No supimos hacer nada...
quizás ahora hubiera aceptado 
que bailáramos la noche 
entregados a ninguno
esperando algo bajo nuestra horma...
qué delgada eras
dedos largos, largo todo
y yo imposible de leer
era un cubo sin solución
una figura sombría
en el dintel de los deseos.

Tu casa era pequeña
tan pequeña
tan fría
caja de cartón
con apenas barrotes
o camas en los techos
sin lumbre
sin amantes
sin dibujadas siluetas de amantes
hombres y mujeres 
atrapados en los muros
como suele ocurrir casi siempre
en las casas ajenas.

No supimos decir nada
comer, beber
tocarnos las manos
hablar de las cosas residuales
que se quedan pegadas en la lengua
un día tras otro
alguna pregunta con revés
alguna respuesta intencionada
todo se quedó en la voz
entre dos sillones
una mesa
un animal místico
algo dulce
en el amargor del café
pasajero, reflejo en la pupila
el labio que se cierra
la puerta que se abre
el mundo que despierta
nosotros que nos vamos
sin terminar.

Tu casa era pequeña
no sé cuantas veces he salido 
de una casa pequeña 
como la tuya
pensando lo mismo
teniendo la misma sensación
sabiendo que repetía 
una y otra vez
la misma estratagema.

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Ferran Garrigues Insa

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