lunes, 16 de enero de 2017

Lectura-re-Lectura.

Lea usted lo que quiera, 
hágase usted un hueco en el corazón
como una centella, 
déjese disparar con la certeza de la muerte
espere el estallido, el pulso ritual, la avalancha
el golpe de nieve, la dentellada azul, el corte esférico.

Lea usted lo que quiera, 
converse si lo desea con este rígido momento
atomícese las circunstancias 
y tome este lugar como punto de partida
sea lo que tenga que ser, pero sea, 
determínese, avance, o quédese quieto
decida por una sola vez que algo merece la pena 
a pesar de usted mismo
barra su cintura de amarres, déselos de comer a los gusanos
ábrase a fuerza de escalpelo, déjese caer encima, 
llene una lavadora de cuchillas
pida a su mejor amigo que la haga centrifugar
espere a conciencia que el cambio le alcance
como si pudiera prevenirse
como si congelarse en forma de cristal
tuviera un resultado satisfactorio 
en el devenir de nuestra propia emancipación.

Lea usted esto, haga lo que le convenga
destripe las palabras y fúndalas en un horno 
déjelas caer cual lava en el esófago de su venganza
rodéese de alguien capaz de ir con usted a cualquier lado
de beber el último trago de veneno antes de caer
mientras las carcajadas les inundan la risa
sabiendo que la vida a veces es un chiste difícil de contar.

Lea, lea, venga con nosotros 
no justifique cualquier cosa
no deje que le vendan cualquier artefacto
no permita dejarse embaucar más que por usted mismo
nos es acaso esta la mejor de las trampas 
el lugar paraíso desde donde nada cambia
no se permita esto, ni lo otro, ni lo siguiente
sea solo usted, base en usted toda felicidad.

Lea usted esto, saque sus propias conclusiones
deje que alguien le convenza de ser otro
deje ir las cosas que más ama
entréguese a los traidores de su mundo
vea el fuego avanzar deprisa
cada lengua de llamas 
hasta que no quede nada
ni nadie
ni ninguno
ni usted mismo
para contravenirse.

Y después, después de la ecuación inexacta dentro de su estómago
después de dejarse morir de cualquier modo
en las escaleras indistintas de cualquier construcción
en las puertas que cruza y que no le regresan
en los aviones que toma y que no le estrellan
en los caminos que anda y que no le extravían
en los dedos que le tocan, pero no le guían
en los seres que encuentra, pero jamás conoce
en las voces que escucha, pero que no entiende
en los ojos que anhela, pero que no le miran
en las casas que le acogen, pero que no le salvan
en los conocidos que le abrazan, pero que no le consideran
en los extraños que le aman, pero que nunca se quedan
en las historias que teje, pero que jamás termina
en las carreras que elige, en las trincheras que lucha
en los hogares que rompe, en las camas que abandona
en los brazos que cuelgan, en las manos que no acarician
en las bocas que no saben, en las mentes que no cesan
en el verdor de los otoños, en la floración de los eriales
en el retablo de su esbozo, 
en la migración de todo lo impensable
lea de nuevo
vuelva a leer
empiece otra vez 
desde el principio.

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Ferran Garrigues Insa

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