viernes, 17 de febrero de 2017

Desterráqueos.

El destierro es una casa
hecha de plumas y algodón
con pasillos de nube
y camas de suave tacto
que se adentra en la calma
de nuestra ausencia.

El destierro es un mundo cálido
sin devaneos
oscuro en lo más hondo
tan oscuro
que aparenta la luz
en todas sus esquinas

El destierro es un abrazo
hecho tan común 
tan paliativo
que nos esconde
de cualquier perturbación
nos hace menos
nos hace pequeños 
nos hace indiferentes.

El destierro es el amante
que nos promete vida
mientras el tiempo pasa
y se nos come de a poco
de a poquito
dejando migas 
simple nostalgia
polvo de estantería
espacio entre el espacio
entre los cajones.

El destierro es saber volver
y saber que al despertarnos
no hay escape en nuestra ruta
que queda el delante
o la muerte segura
que queda el paso
el siguiente paso
nada de caídas
porque se nos traga 
la boca hambrienta de la historia.

El destierro es dibujar senderos
es cantar el hígado
mientras se congela la garganta
es no saber cuando
no querer cómo 
no saber por qué
se nos llena la voz de sueños
y se nos cae la carne familiar
en las cunetas
mientras seguimos avanzando.

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Ferran Garrigues Insa

miércoles, 15 de febrero de 2017

Amar sin estrategia.

Amar de este modo
defenestrados y residuos
sin voz, sin detrimento
ser solo esto que algo ha escrito
dejados de la mano
sin esperanza o futuro
hechos así, tal cual, el uno para el otro
desvestidos, lanzados al abismo de esta apoplejía.

Yo os oculto la verdad en el cuajo
dentro de estos infinitos relatos 
mientras el tiempo del deseo
durante la noche de la pausa
nos hace creer que existe
una fundamental parábola
ese algo manifiesto
en el retumbo de los cuerpos.

Decid con todas vuestras palabras
aquello que bulle químico 
en la doble helicoidal de vuestro destino
y tendréis el resumen de la vida
más pequeña, tan pequeña siempre
anonadada de verdad
hecha de pulso
hecha de pulpa desechada.

Venid a miraros 
el tránsito bello de vuestra piel
ampulosa y perfecta 
todavía juveniles vuestras mentiras
estáis hechos de la savia inverosímil 
del contrario pegamento 
que mantiene la vida
en sus retóricas premisas.

Estamos jugando
a ver donde
en que lugar incide
la flexible pulsación de nuestro avance
a la zaga de este vodevil
que empieza a desnudarse
después de la primera vez
siempre después, solo después.

Y tejeremos juntos 
esta cordial despedida
este quedarse abrasados
colgando del último hilo
de la tela de araña en llamas
mientras pensamos por qué empezamos a amar así
sin plan de ataque
sin final alternativa
recuerdo póstumo
de nuestra falta de estrategia.

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Ferran Garrigues Insa

lunes, 6 de febrero de 2017

Tránsito- premura.

No hay dolor que la pena no convenza
y se nos retuerza la fuerza debajo de la frente
no hay esperanza si la verdad no se tiene
y se acierta o se pierde si uno no se pausa.

Estercolero de mitades el mundo hecho de cieno
se nos degusta en los paladares inmensos de la mugre
como una dulce melancólica pitanza
hecha de recuerdos 
de cosas de nuestro personal infanticidio.

No hay dolor, ni pena, ni memoria, ni hondura
que en los ojos de los hombres, en su poder ínfimo
no tenga que ver con este dominio constante de la nada
que se escapa en nadie 
y vuelve desfigurado entre la muchedumbre.

No hay texto, ni relato que el alma amaine
que todo ha sido amor, amor vetado, amor sin freno
amor inexistente, hecho pedazos, una palabra solo
un extracto de poetas, sin razón y sin jolgorio.

No saber si es mejor una verdad descompuesta
o una mentira sólida, construída a lo largo de las eras
un reflejo infiel de la llamada contigua
o un eco lejano de los amantes que hemos compartido.

No hay dolor que la pena no convenza
para que se nos quede amarrado en los recintos
donde los órganos son solo excusa de vivirse
pero están llenos 
de cuajo y amaranto, bilis y premura
sin saber con exactitud si es mejor el golpe fugaz 
la destartalada desaparición del precipicio
o la carrera extenuante de saberse tan falible y vencido
que nada importe más que nuestra desinteresada huella
o el amarillo resto, escindido de los cielos
esperando el aguacero que lo arrastre
el viento que lo barra
el mundo que lo abrace
o el mar inmenso de nuestra infancia
que lo borre
así como siempre 
nos revive
y nos repara.

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Ferran Garrigues Insa