lunes, 6 de febrero de 2017

Tránsito- premura.

No hay dolor que la pena no convenza
y se nos retuerza la fuerza debajo de la frente
no hay esperanza si la verdad no se tiene
y se acierta o se pierde si uno no se pausa.

Estercolero de mitades el mundo hecho de cieno
se nos degusta en los paladares inmensos de la mugre
como una dulce melancólica pitanza
hecha de recuerdos 
de cosas de nuestro personal infanticidio.

No hay dolor, ni pena, ni memoria, ni hondura
que en los ojos de los hombres, en su poder ínfimo
no tenga que ver con este dominio constante de la nada
que se escapa en nadie 
y vuelve desfigurado entre la muchedumbre.

No hay texto, ni relato que el alma amaine
que todo ha sido amor, amor vetado, amor sin freno
amor inexistente, hecho pedazos, una palabra solo
un extracto de poetas, sin razón y sin jolgorio.

No saber si es mejor una verdad descompuesta
o una mentira sólida, construída a lo largo de las eras
un reflejo infiel de la llamada contigua
o un eco lejano de los amantes que hemos compartido.

No hay dolor que la pena no convenza
para que se nos quede amarrado en los recintos
donde los órganos son solo excusa de vivirse
pero están llenos 
de cuajo y amaranto, bilis y premura
sin saber con exactitud si es mejor el golpe fugaz 
la destartalada desaparición del precipicio
o la carrera extenuante de saberse tan falible y vencido
que nada importe más que nuestra desinteresada huella
o el amarillo resto, escindido de los cielos
esperando el aguacero que lo arrastre
el viento que lo barra
el mundo que lo abrace
o el mar inmenso de nuestra infancia
que lo borre
así como siempre 
nos revive
y nos repara.

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Ferran Garrigues Insa

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