martes, 14 de marzo de 2017

La vespertina.

El cuerpo amarillo 
de tanto dudarnos
y la voz en martillo
enredada en el óxido
de tanto beso a medias
de tanto coito interrumpido
mientras la luz atenúa el ciclo de nuestra predilección
antes de azotarnos el vendaval 
caernos rodando entre el tumulto 
mientras nos juzga la poesía
nos juzga la vida
nos juzga el tiempo
que es el tiempo que nos queda
y que no les queda 
a aquellos que saben deshacer la frase
para entramar el poema 
despertar el alma 
dorar el suplicio
para que parezca todo 
algo más irreal.

El cuerpo que nos queda
vestido de amarillo
de dudoso proceder
es la única antorcha
en el atardecer vacío
donde respiran pesados los perros
en el jardín hecho de sangre
donde no estás
meciéndote 
el pensar...
y la duda
y el extasío
de sobreponerse 
desde este lado del mundo
pensarse en el recodo 
pensarte en el autismo
hacerse pequeño 
para caer hecho semilla
en el resorte de cualquiera
mientras toda la ausencia
no se puede proteger
de nuestra suerte.

Este amarillo
esa mutación de las imágenes
esa suma de todos los entreactos
este pacer 
esta paciencia hecha pared
pequeño espacio especulativo
donde he descubierto tantas cosas
si estuvieras conmigo
si existiera algo menos solitario
que estar contigo
quizás
una suerte 
para este eremita
que se ha vencido 
en el curso de su historia.

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Ferran Garrigues Insa

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